Basado en antecedentes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el Proyecto TEA promueve una educación realmente inclusiva y el respeto a la neurodiversidad
Tras una investigación desarrollada a partir de antecedentes recopilados por la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC), se comparte una reflexión profunda sobre la realidad de la inclusión educativa en Chile. Esta nota, elaborada en el marco del Proyecto TEA: Creando Puentes de Inclusión – acortamos distancias y derribamos barreras, desarrollado por Del Secano Radio Online, busca poner en valor las voces y experiencias que abren camino hacia una educación más justa, diversa y empática.
El caso de Trehuaco y una pregunta que remueve al sistema educativo
En marzo de 2025, la agresión sufrida por una profesora del Liceo de Trehuaco (Región de Ñuble) a manos de un estudiante de 14 años con diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA) volvió a encender el debate sobre si las escuelas chilenas están realmente preparadas para incluir a todos sus estudiantes.
El hecho, lejos de ser un caso aislado, expuso con crudeza la falta de recursos y la tensión que existe entre los ideales de inclusión y las condiciones reales en las aulas.
La Ley TEA y la Ley de Inclusión: avances y contradicciones
En 2023 se promulgó en Chile la Ley TEA, una normativa que busca garantizar la atención integral, la inclusión y la protección de los derechos de las personas dentro del espectro autista. Esta se complementa con la Ley de Inclusión Escolar, que obliga al Estado a asegurar el acceso y la permanencia de estudiantes con necesidades educativas especiales.
A pesar de los avances legislativos, el sistema enfrenta contradicciones estructurales. Así lo sostiene Patricia Guerrero, académica de la Facultad de Educación UC e investigadora asociada del CEPPE UC:
“Más allá de la Ley de Inclusión y de la Ley TEA, lo que tenemos es un sistema esquizofrénico. Por un lado, está la exigencia de los resultados: ‘Mejoren, mejoren, suban el SIMCE’. Pero por otro, nos están diciendo: ‘incluyan, incluyan, incluyan’. Hacer ambas cosas bien y al mismo tiempo es excesivamente complicado y contradictorio. Todo el mundo quiere excelencia académica, a esa fracción donde siempre hay que estar subiendo, donde todos apuntan y donde hay que llegar rápido. Pero la inclusión, es que todos vamos a ir a un ritmo normal ni siquiera más lento, pero no de presión, porque tenemos que caminar todos juntos”, afirmó la académica.
Comprender el espectro: más conciencia, menos estigma
La Dra. Elisa Coelho, psiquiatra del Niño y Adolescente y académica de la Facultad de Medicina UC, explica que el conocimiento sobre el autismo ha avanzado enormemente, lo que ha permitido una detección más oportuna.
“Las personas con diagnóstico del espectro autista son parte de un grupo que se conoce como neurodivergente, es decir, su cerebro procesa, analiza y responde a los estímulos y las emociones de una manera diferente a la de mayoría de las otras personas. Eso hace que tengan dificultades en la comunicación, en la interacción social y también tienen intereses que son muy intensos, como obsesiones. ¿Y por qué se habla de un espectro? Porque son diferentes niveles. Una persona de esta condición puede tener síntomas muy sutiles del autismo o muy severos”, indicó la especialista.
La doctora también enfatiza la necesidad de erradicar estigmas:
“La agresividad en los niños autistas es un caso aislado y poco frecuente. Es lamentable que exista este estigma”, aseguró la Dra. Coelho.
Más que una ley, una cultura de inclusión
La inclusión, subrayan los expertos UC, no puede limitarse a la escuela: es una tarea cultural y social.
Así lo explica Camila Martínez, investigadora de la Línea Inclusión de la Discapacidad del CJE y colaboradora de CEDETi UC:“La inclusión debe ser construida, a partir de una cultura que considere la diversidad como un valor, y todos los participantes como fundamentales para su bienestar y desarrollo. Para ello, el bienestar de la persona con necesidades especiales, o discapacidad, debe estar en el centro. Falta capacitación y recursos humanos que respondan a las diversas necesidades de los y las estudiantes”, señaló.
En la misma línea, Patricia Guerrero advierte que una educación realmente inclusiva requiere trabajo constante y compromiso comunitario:
“En ningún caso sería una solución volver a tener esta división de colegios para niños neurodivergentes versus colegios para niños neurotípicos, como existía antes. No basta con la capacitación de los profesores. Hay que hacer un trabajo muchísimo más intensivo, sobre todo en marzo, cuando los niños se están integrando al colegio nuevamente. Y ahí el trabajo con la familia es clave. Tiene que haber un compromiso, que no es legal, que la ley no te obliga, pero sí es un compromiso de construir comunidad”.
Los antecedentes compartidos por la Pontificia Universidad Católica de Chile confirman que la inclusión no se logra con decretos, sino con empatía, formación continua y vínculos humanos.
Porque incluir no es solo permitir estar: es crear las condiciones para que cada persona pueda ser, aprender y aportar


